Los que aman a los libros

En medio de la vorágine que traen los nuevos tiempos al mundo del libro, con todo el sector – desde bibliotecas hasta lectores, pasando por editoriales, librerías y distribuidores- preparándose para el desembarco de las descargas a todas horas, la convivencia de e-book y papel, la reconversión de servicios para mantenerse vigente cuando el libro digital capitanee la demanda … Como decía, en medio de este jaleo, cada día más presente, tropecé con uno de los últimos libros editados por Juventud, “Biblioburro, una historia real de Colombia”. Ojeando sus páginas experimenté la misma emoción que sentí  hace ya unos cuantos años contemplando cómo la ciudad de Guadalajara transportaba en cadena los libros de la biblioteca a su nueva sede. Asistí a esta experiencia emocionante en el marco del maratón de cuentos, en una sala oscura que reveló muchos ojos llenos de lágrimas cuando se hizo la luz. Ese sentimiento colectivo se hizo presente en una intervención de Michèle Petit, que nos descubrió el poder curativo de la lectura, su profundo entronque con la identidad, con la capacidad de superación de las situaciones más adversas. Salimos de este encuentro  con el espíritu renovado y la firme convicción de que la vocación por la lectura iba más allá de las trabas habituales. Ya sabéis, falta de presupuesto, crisis económica, laberintos administrativos varios…

Cuando la realidad vuelve a imponerse y el peso de la rutina amortigua esa pasión, aprisionada entre deudas y trámites, sacudo la cabeza para que aparezcan esos antecedentes ejemplares que descubrí en la exposición “Biblioteca en guerra”, paseando, tiempo ha, por la Biblioteca Nacional. Cargando libros a lomo de burro, recorriendo pueblos, habilitando espacios en fábricas, escuelas, hospitales  y talleres, un montón de gente volcó su fe en la capacidad de transformación de la cultura.

Este espíritu, al que he dado en llamar “Los que aman a los libros”, está presente en  varios títulos de la literatura infantil y juvenil. Destaco tres de  ellos, protagonizados por personajes reales,  separados tanto geográfica como culturalmente, que, sin embargo, tienen mucho en común: la vocación lectora. Desde la intuición de Nozi, a  la  defensa de la identidad cultural de Shaila, pasando por la pedagogía vivenciada de Luis Soriano, estos tres personajes representan la vocación irrenunciable por la lectura.

Biblioburro: una historia real de Colombia

Jeannette Winter. Editorial Juventud

Ésta es una historia real que sucede en Colombia.
El maestro Luis un día decide cargar sus dos burros, Alfa y Beto, con libros para llevarlos a los niños que, por vivir en alejadas zonas rurales, no tienen acceso a ellos. Desde entonces recorre el país con su biblioteca ambulante.

Nozi: madrina de libros

Gcina Mhlophe. Ilustraciones de Lyn Gilbert. Ediciones Ekaré

En un pueblo de África vivía una mujer que, aunque le gustaban mucho los libros, no sabía leer. Ella sabía que los libros tenían valor y por eso los guardaba en su casa y ayudaba a conseguir los libros a los niños del pueblo que no tenían. Pero un día descubrió que los libros enseñan tanto como las palabras de los sabios y quiso aprender a leer. La posibilidad de asistir a una escuela de adultos le descubrió un nuevo mundo.

La bibliotecaria de Basora: una historia real de Iraq

Jeanette Winters. Editorial Juventud

Alia Muhammad Baker es la bibliotecaria de Basora. Durante 14 años su biblioteca fue un lugar de encuentro para todos aquellos que aman los libros. Hasta que empezó la invasión de Iraq. Esta es una historia real acerca de la lucha de la bibliotecaria por salvar el valioso fondo de la biblioteca y que nos recuerda a todos que, en el mundo entero, el amor por la literatura y el respeto por el conocimiento no conocen fronteras

Enlaces para reflexionar

La biblioteca en guerra

Biblioburro

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