Música y poesía… un poquito cada día

La conexión inmediata de la música con las emociones es algo que constatamos sin esfuerzo. Desde el principio de la vida la música nos acompaña con una impresionante capacidad evocadora que tiene el misterioso poder de modificar nuestro estado de ánimo. Algo muy parecido sucede con la poesía aunque esta realidad es mucho más cuestionada porque su presencia se va desvaneciendo en la vida de muchas personas. No me gusta, me parece cursi, eso no es para mí… son frases que escuchamos con frecuencia en boca de aquellos que olvidaron esa irreprimible necesidad de hacer versos en la adolescencia, de componer una canción, de temblar sin saber por qué al escuchar unas palabras que parecen salidas de su propio corazón. Música y poesía van de la mano, directas a lo más recóndito de nuestro yo, ese lugar donde habita lo que sabemos y lo que no sabemos de nosotros. Esta pareja inquebrantable se han dado un abrazo formidable en la última obra de Antonio Rubio. Este poeta sencillo, que desgrana belleza como si fuera lo más fácil del mundo, ha publicado en Kalandraka “Almanaque musical”. Doce poemas, uno para cada mes del año, unidos por la música clásica e interpretados por una maravillosa orquesta de instrumentos de cuerda que nos lleva a ritmo de vals, tocata o sinfonía. Los elementos musicales conviven con el saber popular para retratar los meses del año: un marzo ventoso que inicia un crescendo y a todos los músicos les roba el sombrero, cuando llueve abril los músicos cantan negras y corcheas, semifusas, blancas…

Acostumbrados a la genialidad de Antonio Rubio, no nos sorprenden sus palabras hermosas. Esas que guardamos como oro en paño en “Versos vegetales” o en la imprescindible colección “De la cuna a la luna”. Pero el resultado final de “Almanaque musical” te sobresalta porque el binomio Antonio Rubio-David Pintor es imbatible. El ilustrador nos lleva a un mundo alejado de las salas de concierto regalándonos unas imágenes repletas de sentido del humor y sensibilidad. Para aquellos que hayan visto el álbum “El Cascanueces”, editado por Zaera Silvar y promovido por la librería  El Cascanueces de Gijón, no será una noticia nueva ya que nos sumerge de lleno en esta historia Tschaikovsky cien por cien.

Os recomendamos leer “Almanaque musical” acompañados por el repertorio que sugiere el libro, así como disfrutar de “El cascanueces” acompañados por la música de Tschaikovsky.

En estos tiempos que corren, en los que la aventura editorial es una travesía en el desierto plagada de amenazas y soledades, emociona la iniciativa de una librería que pone toda la carne en el asador y se lanza con valentía al ritmo de “El cascanueces”. Podemos compartir su emoción a través del vídeo que muestra la creación de un mural en la fachada de la librería.

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