Los POP-UP y otros libros desplegables

popDesde hace un par de años, libreros, padres y niños asistimos atónitos a un espectacular renacimiento: el de los pop-up (libros que esconden entre sus páginas personajes y construcciones en tres dimensiones que se despliegan o saltan a medida que los vamos hojeando). Las editoriales dedicadas a la literatura infantil en EEUU y Europa han encontrado en ellos una nueva gallina de los huevos de oro y se han esmerado con ediciones magníficas, con libros que despliegan verdaderas obras de ingeniería en papel, valiéndose de complicados mecanismos que llegan a incorporar luz y sonido. Son libros para cuidar, guardar en la biblioteca y transmitirlos de generación en generación.

Un poco de historia

Pero no estamos ante ningún fenómeno nuevo: los primeros pop-up se remontan a la Edad Media (se utilizaban en los libros cuadradocientíficos), y ya podemos hablar de ellos como entretenimiento para niños a partir del siglo XVIII, con el nacimiento de la literatura infantil propiamente dicha. El siglo XIX fue la edad de oro, con editores europeos y americanos dedicados a lograr artesanalmente los libros desplegables más exquisitos. Entonces era un lujo reservado a los hijos de las familias ricas el hacerse con un ejemplar de la casa Dean & Son o de Earnest Nister. Tras la Primera Guerra Mundial, con la producción en masa, estos preciosos libros se abarataron y muchos editores, principalmente en Inglaterra, Alemania y EEUU, dedicaron sus esfuerzos a perfeccionar la técnica. Es precisamente en esta época cuando los editores neoyorkinos de Blue Ribbon acuñaron el término pop-up, del que no se ha conseguido todavía una traducción al español mayoritariamente aceptada. Libros móviles, libros desplegables, libros en tres dimensiones…

caperucitaEn Europa, fueron los libros del autor Vojtech Kubasta, de la casa checoslovaca Artia, los que se exportaron en los años 50 por todo el mundo: el arte del pop-up vive una nueva edad dorada hasta que en los 60 la casa americana Graphics Internacional, que los produce para la editorial Random House, los populariza en el mundo occidental. De esta época nacen algunos clásicos, como La casa embrujada de Pienkowski, desgraciadamente descatalogado en España. Después de algunos años oscuros, carentes de interés, hoy podemos hablar de un pop-up de autor, con creadores como Robert Sabuda, Nick Bantock, el propio Pienkowski, Matthew Reinhart, Chuck Murphy, David Pelham o David A. Carter. Muchos de ellos trabajan para la norteamericana Intervisual Communications Intl., la factoría más importante de este tipo de libros. Otros van por libre. Después, una vez concebidos, los pop-up son montados en países del tercer mundo, lo cual explica lo irrisorio que resulta a veces el precio de lo que son en realidad valiosas obras de artesanía.

Los libros desplegables aterrizan en nuestro país

Empezaremos con los libros de David A. Carter, destacando que fue Combel la editorial que se atrevió a introducir en nuestro elementospaís la nueva generación de desplegables, precisamente con un libro de este autor americano: Un punto rojo, cuyas utópicas construcciones esconden en cada página un punto rojo que el lector debe encontrar. Este ilustrador americano aprendió el oficio trabajando durante siete años en Intervisual Communications Inc., junto a artistas como Pelham o Pienkowski. Hoy está considerado como uno de los maestros del arte del pop-up, materia sobre la que tiene un libro con Jim Díaz, director creativo de Intervisual, que acaba de ser publicado en español bajo el título Los elementos del pop-up. Desde Un punto rojo, hemos podido disfrutar con regularidad de las creaciones de Carter gracias a la aparición de El 2 azul, de 600 puntos negros y del recién salido El cuadrado amarillo. Todos ellos editados por Combel.

narniaFue también una editorial independiente, Kókinos, quien se atrevió por primera vez con uno de los espectaculares desplegables del gran Robert Sabuda, hace cuatro años. Alicia en el país de las maravillas fue entonces una apuesta arriesgada, por lo novedoso del producto, que ha resultado ser ganadora. A este clásico le siguieron El mago de Oz y, recientemente, Peter Pan, ambos del mismo autor y publicados en la misma editorial. Tras los pasos de Kókinos fueron algunas de las grandes editoriales, con títulos como Narnia, Hadas y criaturas mágicas o sus Enciclopedias prehistóricas (estos últimas realizadas junto a Matthew Reinhart). Todos ellos sorprendentes, con un despliegue de recursos inimaginables hasta ahora, a la vez que recuperan trucos visuales clásicos y de gran calidad e imaginación.

La escuela americana

Sabuda no tiene formación específica, es un autodidacta. Sus primeras creaciones eran regalos que hacía de niño para sus amigos y familiares. Aunque trabajó unos años en una editorial infantil de Nueva York, enseguida fundó su propio estudio y trabaja con un socio, Matthew Reinhart, otro de los grandes del género. Este, considerado más barroco que Sabuda, algo más torpe en su forma de ilustrar pero más hábil, si cabe, como ingeniero del papel, es el autor de los impresionantes El libro de la mommyselva, Cenicienta, Starwars o el genial Mommy?, ilustrado por Maurice Sendak (Donde viven los monstruos).

También tenemos la suerte de poder conseguir los dos títulos del alumno aventajado de la escuela de Sabuda, Sam Ita: Moby Dick y 20.000 leguas de viaje submarino. Dos obras serias y coherentes, con una estética inspirada en los cómic clásicos y un despliegue de recursos maravillosos

Destacamos también la adaptación del clásico americano de Johnny Gruelle Las aventuras de los muñecos Ana y Andrés, un pop-up sencillo pero muy bien elaborado, de mucha calidad y buen gusto, y un cuento delicioso para leer a los pequeños de entre cinco y siete años. El diseño técnico del papel es del holandés Kees Moerbeek, uno de los autores más antiguos de la escuela americana, apenas publicado en España, y autor de varios pop-up para adultos.

diezY terminamos el recorrido por Estados Unidos con dos pequeños libros de Chuck Murphy, otro autor formado a las faldas de Intervisual Communications. Murphy, quien dice inspirarse entre otros en el italiano Bruno Munari, trabaja siempre en formatos cuadrados alternando, como si fuera un damero, el blanco y el negro en cada página. Así, los brillantes colores que utiliza destacan de tal forma en los pop-up que se esconden detrás de cada página que contribuyen a producir la sorpresa. Del uno al diez y Sorpresas de colores son sencillos pero están elaborados con una técnica depurada y despiertan la admiración del espectador.

Los europeos: inicios

Pasamos a Europa, donde no hay una escuela propiamente dicha, pero contamos con excepcionales creaciones de autor. Empecemos por los dos pioneros en la utilización de recursos pertenecientes al pop-up por derecho propio: Keta Pacovska y Bruno Munari.

Pacovska, artista checa que tiene en su haber los premios más importantes en el campo de la literatura infantil, es autora de infinidad de libros desplegables y sus creaciones y esculturas de papel demuestran que se puede llegar a la primera infancia con conceptos artísticos y arquitectónicos de alto nivel. Excelente antología de su obra resulta el recientemente publicado Hasta el infinito, que disfrutarán niños y adultos.

El italiano Bruno Munari, por su parte, fue un gran experimentador en el campo de la literatura para niños y el primero en utilizar texturas, troqueles y recortables con una intención narrativa. Destacamos En la niebla de Milán (en italiano/inglés, abcdNella nebbia di Milano/The circus in the mist pero se puede prescindir del texto).

Los modernos

Inspirado en algunas de las teorías de Munari sobre el aprendizaje de las letras, podemos deleitarnos con el ingenioso ABCD de Marion Bataille, diseñadora francesa. Era difícil innovar en el arte del pop-up, pero Bataille lo ha conseguido en un libro con vocación de clásico.

Tampoco es casualidad que el autor de uno de los libros más ácidos, imaginativos y sugerentes que hay en el mercado sea inglés, pues en cada una de las páginas pueden apreciarse referentes al arte y las tradiciones europeas. No podemos hablar propiamente de un pop-up, sino de un desplegable que incorpora todos los trucos del género: Imagina, de Norman imaginaMessenger, un libro que recupera efectos visuales de la prestidigitación e ilusiones ópticas que estuvieron de moda en Europa en el siglo XIX.

Libro-álbum en pop-up

Por último, los europeos han creado pequeñas obras maestras del pop-up a partir de álbumes ya clásicos en la historia moderna de la literatura infantil. Es el caso de La pequeña oruga glotona de Eric Carle, que acaba de salir en su version desplegable para celebrar el 40 aniversario del nacimiento del este importante libro álbum. O El topo que quería saber quién había hecho aquello en su cabeza, de Werner Holzwart, ilustrado por el genial Wolf Erlbruch, uno de los libros más importantes de la literatura infantil europea, en su versión pop-up. De última cuña son los libros móviles de Juan y Tolola. La británica Fletcher, una buena exponente del pop-up made-in-Europe, ha conseguido una estética ultra-moderna, superponiendo las imágenes originales de la genial pareja, creada por Lauren Child, sobre distintos papeles pintados, texturas, fotos ampliadas. Sus pop-up son delicados, de gran calidad y muy inteligentes. Destacamos el último que puede conseguirse en nuestro país, No tengo nada de sueño y no quiero ir a dormir.

Hay un subgénero del pop-up: los libros-escenario. Nos gustan dos especialmente, el del creador de Kirikú y la bruja, Micheljuan Ocelot, Azur y Asmar, con estructura de teatro kamishibai. Y de reciente aparición, la Blancanieves de Jane Ray. En ellos, cada página es una ilustración desplegable en forma escenario o teatrillo estático.

No queremos dejar de mencionar a David Pelham, otro de los autores importantes del pop-up, en este caso inglés. Su especialidad: desarrollar mecanismos que funcionan de forma muy, muy sencilla, aptos para las manos más pequeñas. Destacamos su ultimo libro publicado en España, Pum-pam, cataplán, así como la serie de Tino el minino.

Por último, destacar la labor de la editorial Combel, que está creando bonitos pop-ups de producción propia, cosa excepcional en nuestro país.  Sobresalen los dos títulos elaborados por la ilustradora Patricia Geis, Andy Warhol y Alexander Calder, sencillos, de calidad y con recursos móviles ingeniosos y elegantes.

2009: últimas adquisiciones

pirncipitoRecién salidos del horno, tenemos que destacar la maravillosa Caperucita Roja de la británica Louise Rowe, que ha creado una atmósfera de cuento con unos sugerentes pop-ups en color sepia, aunque la adptación del texto de los Grimm va a disgustar a los puristas. También estamos a punto de recibir El principito, un pop-up europeo al cien por cien, lo que implica sutilidad y delicadeza a la hora de poner al popular personaje de Saint-Exupery en tres dimensiones. Una obra hecha con buen gusto y calidad. No así, tenemos que decir, la reciente versión en pop-up de El cuento del travieso Perico y el conejito Benjamín de Beatrix Potter, en el que la mala calidad de los pop-ups hacen de él un producto del momento, condenado a no perdurar. Y también de nuevo cuño, Popville, sobre la metamorfosis de una esquemática ciudad, que se va desplegando ante nuestros ojos. Realizado por dos diseñadores de la Escuela Superior de Artes decorativas de Estrasburgo, está basado en un poema de Pablo Guerrero.

[Marta Ansón Balmaseda]

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